La trampa de la planificación

Objetivos, metas, propósitos, planes, logros… todo para alcanzar algo que queremos. 

 

¿Realmente es necesario todo eso? 

 

Con tanta “pre-ocupación” (siempre estar ocupada la mente) y “planifiJación” (hacer planes muy fijos) es muy fácil perder de vista lo que deseamos.

 

¿No será que la planificación es un tipo de expectativa enmascarada?

 

Si recuerdas mi artículo sobre las expectativas (pulsa aquí para volver a leerlo), sabrás que una de las reflexiones que hice fue que se vive mejor sin tener expectativas, ya que generalmente no tienen nada que ver con lo que esperamos ver u obtener del otro o del mundo, sino con la certeza de lo que haríamos en cada situación. Siempre que las expectativas no se cumplen en una planificación, nos generarán emociones que nos quitarán energía y además nos harán dudar de nuestra capacidad para lograr lo que queremos.  

 

Quien me conoce sabe muy bien que la planificación siempre fue un eje importante en mis actividades, y desde que empecé a practicar esta nueva manera de plantear mis objetivos, logro lo que quiero cada día y además me divierto haciéndolo. 

 

En este artículo propongo una reflexión muy diferente y retadora; pensar en una forma diferente sobre las planificaciones.

Menos planes, algunos hitos y muchas más experiencias. 

 

¿Para qué planificamos?

 

Como muchas veces ya hemos oído:

  • Si una persona no planifica cómo quiere lograr algo, no lo logrará o no será eficiente a la hora de hacerlo. 
  • Sin una planificación clara nos perdemos, siempre estamos improvisando, entre otras cosas más. 

Esas y otras más afirmaciones hacen parte del “insconsciente colectivo”, que es un conocimiento general de nuestra sociedad que lo damos por cierto, sin cuestionarlo. No son tus creencias, sino de la sociedad en que vivimos. 

 

Este conocimiento colectivo sobre la planificación nos lleva a hacer un plan A y para el colmo del control también un plan B, el “por si acaso”. Además, hay ocasiones que hacemos muchos más planes solamente para atender a las creencias del control. 

 

Hacer dos o más planificaciones de lo mismo, sirve para atender sobre todo a una emoción muy básica, el miedo. Planificar nos cuesta un tiempo de vida muy importante y seguir lo pactado es aún más arduo ya que siempre hay imprevistos, desvíos, etc. Hablemos de los famosos plan A y plan B:

  • Cuando haces el plan B, inconscientemente ya das por hecho que el plan A te va a fallar. El hecho de decir a ti mismo que el plan B servirá para garantizar la consecución del A, es mentira. En realidad te estás diciendo: “planifico el B porque el A me va a fallar”. 
  • Cuando tenemos muy bien atado el plan A y nos centramos solamente en ello, el mensaje a tu subconsciente (que por cierto es responsable por más de 80% de tus acciones diarias) es: “voy a seguir este plan, con estos pasos y no tiene porque fallarme”. A principio parece interesante el mensaje, ¿verdad? Pero lo que ocurre aqui es la rigidez del plan. Pactar con tu plan lo que exactamente o bien aproximadamente va a ocurrir, es lo que llamo de “la trampa de la planificación”. Hay un porcentaje muy alto de que tu planificación, o bien de tus expectativas, no se vayan a cumplir según lo idealizado. Y si aún así te surge alguna duda sobre esa afirmación, piensa cómo te ha ido en tus últimos planes, ¿en qué medida has acertado el futuro?

Solemos perder más energía en mantenernos forzadamente en la planificación, que visualizando y disfrutando de nuestro objetivo. Nuestro EGO está totalmente involucrado en nuestros planes, en nuestras expectativas. 

 

Entonces, ¿qué puedo hacer cuando quiera lograr algo?

 

Bajo mi punto de vista el problema no es planificar, sino el concepto de hacerlo tan esquematizado y controlado  sin permitirnos el cambio de idea y la flexibilidad de ver nuevas posibilidades que la vida nos proporcione.   

 

Tener un objetivo marca un determinado destino y eso no significa el último de ellos, sino un punto más por donde quieres pasar.

En realidad, cuando tienes un objetivo, lo visualizas, te proyectas, lo sientes y a la vez ya agradeces por tenerlo, no te hace falta una planificación porque desde el momento cero ya lo has logrado. 

 

Para mi, la clave para alcanzar un objetivo sin una planificación tradicional, es creer realmente en lo que quieres y transformar en acción las emociones que te mueven hacia tu objetivo. Es como si tu cuerpo fuera tu barco, el objetivo la corriente oceánica y el combustible es la combustión de las emociones transformadas en acciones. 

 

Tú podrías hacerlo en 3 simples etapas:

  • Primero: determina tu objetivo/lo qué quieres y cuándo te gustaría lograrlo. Un ejemplo: “quiero adelgazar 10kgs en 6 meses para sentirme mejor conmigo mismo(a)”. Ojo, intenta no caer en la tentación de decidir cómo quieres que ocurran las cosas. 
  • Segundo: entra en la corriente oceánica adecuada, es decir, determina qué tienes que hacer de manera general para acercarte a tu objetivo. Ejemplos: “investigar más sobre dietas bajo calóricas”, “contactar a un nutricionista”, “buscar recetas saludables”, “hacer 30 minutos más de ejercicio al día”…
  • Tercero: determina tus hitos, tus paradas para hacer un chequeo. Para los objetivos a medio y largo plazo, recomiendo aunque no sean imprescindibles, tener los hitos, “los milestones”. Ejemplo: “pesarme a los 45 días y apuntar el resultado”. En este ejemplo podrías perfectamente determinar cuantos quilos te gustaría llegar a los 45 días, pero eso te haría perder de vista el disfrute del objetivo. La propuesta aqui es abrir, dejar fluir y confiar que conseguirás tu objetivo. En el caso de no ver los resultados esperados en tus paradas de chequeo, la pregunta para ti es: “¿Qué puedo hacer diferente para obtener resultados diferentes?”. Es volver a analizar la etapa 2 y vivir la experiencia. 

Cuando determinas el “cómo”, el “qué quieres” pierde el sentido. Abre, da espacio para que puedas alcanzar tus objetivos de manera natural.  

 

Si has entendido bien la nueva propuesta de esta reflexión, la moraleja es creer y confiar en ti. Tener un plan se vuelve secundario.

Si eso ocurre, conseguirás todo lo que quieres. Además, para las personas como yo que creemos en las energías de la vida, ponerte en las “corrientes oceánicas” de tu meta, es lo mismo que vibrar en la misma energía que tu objetivo. Cuando eso ocurre, eres capaz de ver oportunidades donde tú creías que no las habían. 

 

Acabas de tener una nueva perspectiva sobre la realización de los objetivos. Ya no puedes decir a tu subconsciente que no lo sabías.

Ahora te toca a ti, ¿te apetece intentarlo?

 

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Y si te ha sido útil esta lectura y quieres investigar un poco más sobre este tema u otros, ponte en contacto conmigo para saber cómo puedo facilitarte el camino. 

 

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Comentarios: 1
  • #1

    Alejandro (martes, 05 marzo 2019 16:49)

    Este texto llega a mi en el momento preciso... Una perspectiva diferente. ¡¡Gracias!!