• Fernanda

El miedo

En diferentes etapas de la vida experimentamos sentimientos y emociones que nos motivan, nos bloquean, nos hacen reflexionar, nos ponen para arriba o para abajo. Todo eso suele llegar sin pedirnos permiso o preguntarnos si estamos preparados para lidiar con esas emociones.


C’est la vie! (¡La vida es así!), dirían los franceses.


Y, ¿cómo encajamos todo eso?

¿Cómo soportar o mejor dicho “auto gestionar” emociones como el miedo, la rabia y la alegría en cada momento?


Bienvenido(a) a esta reflexión que tiene como objetivo mejorar tu comprensión sobre cuál es la función de las emociones y además cómo identificar el “auto sabotaje” emocional, que generalmente nos hacemos de manera involuntaria.


Hay muchos estudios sobre la gestión de las emociones y varios de ellos las clasifican en diferentes niveles. Algunas de las emociones son consideradas como básicas, como es el caso del amor, el miedo, la tristeza, el asco, la rabia y la alegría. Ese tema es muy extenso y además muy popular. Ya tenemos hasta una película infantil sobre esa temática (“Inside out” de Pixar que yo recomiendo bastante).


Lo que necesitamos es tomar consciencia de que cada emoción tiene su función y siempre nos trae un mensaje específico. Podemos llegar a entender de una manera general o específica cada mensaje, pero para eso se nos exigirá tener plena consciencia de nuestro momento presente y ser sinceros con nosotros(as) mismos(as).


El significado de cada mensaje dependerá de tu estado emocional. Según como estés, condicionará tu lectura e interpretación de qué está ocurriendo en tu vida.


En este texto me gustaría centrarme en una emoción básica que muchas veces es poco comprendida y evitada. Os la presento, la emoción “El miedo”.


Desde la emoción del miedo pueden derivarse muchas otras y también sentimientos como la ansiedad y el estrés.


Comprender aquellas situaciones o cosas que nos provocan miedo, nos ayudará a normalizar lo que estamos sintiendo y nos permitirá vivir esa emoción, sin bloquearla, sin juzgarla y agradeciéndole que nos avise de la existencia de un “peligro” determinado.


Según mi opinión y experiencia, el miedo puede separarse de 2 formas:

  1. miedo real: cuando algo o alguien amenaza tu integridad física y tienes el riesgo de muerte inminente;

  2. miedo psicológico: todas las demás situaciones que te amenazan pero no existe un riesgo de muerte inminente.

El miedo psicológico es el que sentimos la mayoría de las veces en nuestro día a día. Lo que pasa es que entendemos el miedo psicológico como un miedo real y nos comportamos como si algo o alguien nos amenazase de muerte; nos desesperamos y hasta uno(a) mismo(a) se sorprende de sus actitudes muchas veces irracionales.


La identificación de que si un miedo es real o no está influenciado directamente por un núcleo de control de las emociones y sentimientos que está dentro de nuestro cerebro, llamado “amígdala”. Y no es la de la garganta.


Esa “amígdala cerebral” es la responsable de nuestras emociones y comportamientos mas primitivos y que favoreció nuestra supervivencia como especie. Por eso aún existe.

La “amígdala cerebral” te activa cuando percibes algo peligroso: o bien atacas o bien echas a correr. Esta activa todos tus órganos y músculos para que sobrevivas.


El gran problema es que nuestra pequeña “amígdala cerebral” con formato de “almendra”, no entiende la diferencia entre miedo real y psicológico. Actúa de igual manera frente estos dos tipos de miedo y por lo tanto, cada persona necesita interpretar lo que le ocurre para poder tomar la actitud adecuada.


Un ejemplo clásico que se repite mucho en consulta y en conversaciones es el miedo generado porque alguien o algo te va a cambiar la vida y sufres una amenaza determinada (pérdida del puesto de trabajo, robo, abandono, pérdida de salud, del bienestar). Todas esas alternativas, de la más sencilla a la más compleja, son miedos ficticios, fabricados por la mente. Ningún caso citado arriba determina la supervivencia inmediata.


Tener miedo es normal y necesario para activar ciertos comportamientos.


Si algo o alguien atenta contra integridad física y tu supervivencia, el miedo activará todos tus órganos a través de tu “amígdala cerebral” y correrás o bien afrontarás la situación que requerirá una acción inmediata. Es lo que popularmente se conoce como “matar o morir”.


Pero si el miedo que sientes no requiere ninguna acción explosiva para defenderte de manera inmediata, es necesario entender el mensaje que te trae esa emoción.


¿Cómo convivir en paz con el miedo psicológico?


Primeramente es interesante recordar que cuando pasa algo en nuestra vida que no nos agrada, pasamos por diferentes fases de cambio de comportamiento hasta llegar a la aceptación de la situación. Cuando el cambio de la situación está asociada al miedo, necesitaremos más flexibilidad y consciencia para pasar por todas las fases:

  • 1ª fase -) Negación: siempre negaremos la posibilidad de estar pasando por algo que no nos agrada;

  • 2ª fase -) Tristeza: podemos pasar por la tristeza, ya que poco a poco percibimos que la negación no nos lleva a un “buen puerto”. Es en ese momento cuando nos damos cuenta de que, aparentemente, no podemos hacer nada frente a lo que nos ocurre. Es como si nos conformásemos con la situación sintiendo pena o frustración de no poder actuar contra lo que nos causa tristeza.

  • 3ª fase -) Normalización: en esta fase ya empezamos a ver que eso ocurre con más personas o bien que no es tan grave o bien que ni todo está perdido. Ganamos más consciencia y perspectiva sobre la situación y a lo mejor queremos mejorar y apostar por lo que nos interesa.

  • 4ª fase -) Aceptación: aceptamos de una manera amigable o no lo que nos ocurre y hacemos nuestra parte con consciencia y responsabilidad. Ni siempre podemos cambiar lo que nos pasa, sin embargo podemos tener una nueva perspectiva de lo que está ocurriendo.

Dependiendo de lo dispuesto(a) que estemos a superar lo que nos provoca el miedo, hará que pasemos más rápido o más despacio por las diferentes etapas.


Reconocer la fase en la que te encuentras, te ayudará a hacer cosas que te harán progresar dentro de las fases hasta llegar a la aceptación.


Sentir el miedo, negar y sentir tristeza es lo más normal del mundo ¡Tranquilo(a)!


Es normal que sientas miedo de perder tu trabajo, la salud, la persona amada, tu comodidad…


¿Qué puedes hacer si te ves “atascado(a) en alguna de las fases?


Si te encuentras en la fase de la negación, date tiempo y cuídate mucho. Es normal que niegues una situación desagradable. Nadie quiere pasar por eso.


¿Qué puede ayudarte a superar la fase de negación?

Aquí no se trata de buscar quiénes son los culpables de la situación. El objetivo es permitirse negar y después llegar a la conclusión de que hagas lo que hagas, la situación tiende a normalizarse con el tiempo.

Te ayudará pasar por esa fase más rápido si te pones “a trabajar a tu favor” , verificando qué puedes hacer para sentirte mejor. Transformar el miedo y la negación en acción, va a permitirte salir más rápido de la fase de negación.


Cuando estés en la situación de normalización o bien en la de aceptación, es el momento de preguntarte: “¿qué quiero hacer con eso? ¿Deseo cambiar algo? o ¿solamente quiero que pase el tiempo?. Estas preguntas son parecidas a la anterior de la fase de la negación, sin embargo éstas últimas te invitan a convivir con lo que te da miedo. Tú puedes convertir aquello que te da miedo en algo motivante para tu día a día.


Cualquier acción que elijas es aceptable.


El objetivo aquí es salir del victimismo y asumir la responsabilidad consciente de qué está ocurriendo en tu vida.


El miedo suele paralizarnos. Por eso las preguntas “¿qué quiero hacer con eso? o bien ¿qué puedo hacer para sentirme mejor?”, te permiten tomar distancia del comportamiento habitual de la emoción y te dan la oportunidad de hacer algo por ti.


¡Cuidado para no esconderte detrás del miedo!


El miedo muchas veces se camufla en otras cosas como el rencor, el estrés, la rabia, o bien en ciertos comportamientos como por ejemplo la procrastinación, la violencia verbal y/o física, el control exagerado, etc…

Cuando tú no aceptas el miedo, este puede camuflarse para que tú convivas mejor con él y eches la culpa en otras cosas.


El miedo también puede esconderse detrás de personas, adicciones para hacerte olvidar de la realidad y otras cosas que te alejen de la situación desagradable.


Todo esto forma parte de la disfunción del miedo y del ego para “preservar” tu integridad. El problema es que eso no resuelve la situación y cuando la realidad aparece nuevamente, exige al miedo y al ego a reinventarse para alejarte de tu responsabilidad.


Aceptar y asumir la responsabilidad de la nueva situación, hará que tu percepción sobre la misma cambie y el miedo pase más rápido.


El miedo siempre trae un mensaje de que algo ha cambiado y que eso puede ser peligroso para tu supervivencia. Agradece el aviso, separa el miedo real del psicológico y sobre todo SUÉLTALO, déjalo pasar.


Acepta y transforma tu emoción en acción.


No te escondas detrás del miedo, de algo o de alguien.


Pregúntate qué quieres hacer con eso y marca tu plan de acción.


Determina QUÉ quieres, CÓMO vas a conseguirlo la vida ya te dará pistas.


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