• Fernanda

El equilibrio del apego

Cuando te gusta algo y estás disfrutando de un momento muy agradable, ¿qué tipo de pensamiento suele aparecer en tu mente?

  • ¡Ojalá este momento pudiera pausarse en el tiempo!

  • ¡Ojalá durara para siempre!

  • ¡La vida podría tener solamente momentos así de buenos!

  • ….

¿Te preocupa el hecho de que nada sea permanente?


Bienvenido(a) a esta nueva reflexión que te da la oportunidad de verificar cómo de apegado(a) estás en tus pensamientos y comportamientos y cómo de receptivo(a) estás hacia los cambios que te ofrece la vida.


¿En qué momento se une el tema del apego con la mente abierta hacia los cambios?

Se une cuando el apego en su forma más desequilibrada se resiste al cambio. La persona adopta una actitud de querer entender todo lo que ocurre en su vida y prever el hipotético futuro. No permite renunciar a ciertas situaciones para poder disfrutar de nuevas oportunidades. No concibe la idea de que las cosas y personas no son duraderas y un día, sin previo aviso, todo cambia.


Hace falta aprender a desapegarnos de las ideas fijas permanentes que tanto tememos que cambien.


El apego por si solo no es algo malo, todo lo contrario, te puede proporcionar un vínculo y una seguridad fantástica, para que puedas desarrollarte de manera adecuada en tu vida. Establecer estos vínculos es humanamente sano y necesario para nuestra vida social. Somos seres sociables, de conexión y no estamos hechos para vivir en aislamiento.

El problema empieza cuando las cosas se salen de su equilibrio natural y en vez de resolver los problemas (miedos, ansiedades…) convertimos nuestras experiencias en verdaderos obstáculos.

No se trata de quitar vínculos amorosos y sanos con personas que quieres, sino dar flexibilidad a los apegos. Permitir cambios ya que eso es inevitable que ocurra.


Hablar de la “cara” más dura del apego que se asocia a la rigidez e inflexibilidad, se queda vacío de significado si no hablamos del amor, que es el “antídoto” para todo eso. Hace que los apegos sean más flexibles y nos permite desapegar de las ideas permanente de las cosas y personas en nuestras vidas.


El amor al que me refiero no es de tipo “cinematográfico” que nos han enseñado durante la vida, sino del amor sin condiciones y expectativas de que la propia vida (que Dios, el universo, la energía vital, aquí caben todas las creencias) tiene por nosotros mismos.


El amor del que hablo es el más natural y amplio que, según mi opinión, puedo resumirlo en 3 puntos muy concretos:

  1. El amor es tu momento presente

  2. El amor es la aceptación de uno(a) mismo(a)

  3. El amor es la gratitud en forma de emoción que transmites al mundo que te rodea.

Parece muy utópico y grandioso, pero el amor está en actitudes muy sencillas y cotidianas. La percepción total de quién eres y cómo es el medio que te rodea, es un primer paso fundamental si quieres actuar desde el amor en tu vida.


¿Cómo saber diferenciar el apego “negativo” del “positivo”?

Sentirse parte de algo es muy placentero y te permite compartir tu experiencia y tu punto de vista. Cuando estos vínculos cambian o desaparecen y te provocan un gran malestar, a tal punto de no ser capaz de verse sin este “enlace”, es ahí donde está el daño a tu salud mental. No se trata de no sentir tristeza o miedo, es todo lo contrario, hay que vivir las emociones como vienen, el tema es cuando determinada emoción se alarga en el tiempo.


Tener una mente abierta cobra una gran importancia cuando los apegos se modifican.


Todo en la vida está en movimiento. Nada es permanente, ni lo que consideramos “bueno” o “malo”. Normalmente el sufrimiento está en la idea de que nada cambiará. Pensar que las cosas no cambiarán es como “tomarse la píldora” del autoengaño para sentirse un poco mejor.


Lo único para siempre es el amor hacia ti y al entorno que te rodea.


Si tenemos claro cuánto el apego “malo” puede condicionar nuestra forma de pensar y comportarnos, ¿por qué tendemos a desear o tener expectativas de que las cosas o personas sean para siempre?

Yo creo que puede tener muchas razones, pero las principales para mí son dos:

  • Por un lado, está la inseguridad que tenemos en nosotros mismos. Nuestra seguridad y amor propio no están muy presentes en nuestro día a día y constantemente necesitamos que se refuercen desde fuera (nuestro entorno) lo qué somos, lo qué tenemos que hacer, pensar y sentir. En general estamos esperando una validación externa para actuar en nuestra propia vida. El hecho de pensar que las cosas y personas pueden cambiar o bien desaparecer, nos hace aún más vulnerables cuando nuestro bienestar personal depende de los feedbacks externos.

  • Y por otro lado, está el miedo al cambio y las nuevas situaciones. Pensar que las situaciones buenas deben seguir o bien permanecer para mantenernos felices, es como desear que un alimento rico que estamos disfrutando en el paladar no se acabe nunca.

Acepta y disfruta las situaciones cambiantes en tu vida. Los apegos cambian en su forma y en su contenido. Elimina las ideas fijas y permanentes sobre los apegos establecidos.


En la vida siempre ocurren cosas, simplemente es una mezcla entre lo que nos gusta y lo que no.

Cuanto menos apegados estemos a la idea de entender los “porqués” nos pasan determinadas cosas, o por qué no somos de determinada manera o por qué existen las cosas que nos desagradan, menos nos enredamos en los motivos de lo que nos sucede y empezamos a vivir lo que realmente sucede, es decir, vivimos en el desapego de la idea que la vida no cambia. El foco aquí es entender menos y vivir más.

Hay un espacio enorme entre lo que te sucede y tu interpretación sobre lo que te ocurre.

El filtro de la interpretación es lo que modifica el sentido de la vivencia de las experiencias. Muchas veces, ese filtro es lo que hace que imagines una realidad que no es cierta y lo único que consigues es aumentar el malestar y ansiedad sobre una vida imaginaria que ni siquiera existe. Parece una locura, ¿verdad? Pero sucede muy a menudo.


Para desarmar este filtro equivocado sobre tu vida, prueba preguntarte en un momento en el que estés “fuera de tu eje”, las siguientes preguntas:

  1. ¿Lo que estoy sintiendo y pensando es cierto?

  2. ¿Tiene sentido estar de esta manera?

A través de esas preguntas permites poner más consciencia (un foco de luz) sobre lo que estás viviendo.


Las cosas son solamente eso, experiencias y nada más.

Cuanto menos apegados estamos del pensamiento o idea que tenemos, mas observadores estamos y eso nos da total libertad de actuar según deseamos. Eso es vivir desde el amor de las experiencias. No hay apego “negativo”. No hay miedo de las dos únicas condiciones del curso de la vida, sus lados: imprevisible y cambiante.


Cuanto más se fortalece la idea de observar, apreciar y experimentar lo que ocurre en la vida, podemos ver más claramente lo que es real e irreal. Podemos desapegarnos de ideas y personas que ya no nos aportan cosas que deseamos y dejar ir, aligerando “nuestra mochila” de la vida.


Hay otra ventaja increíble cuando pones más consciencia en tu vida. En relación a todo lo que habías considerado “problemático” en un determinado momento, empiezas a tener una nueva perspectiva y automáticamente consigues bajar el nivel de estrés o bien de ansiedad que tenías. El objetivo no es cambiar los acontecimientos externos, sino de vivir las experiencias desde otra perspectiva; desde la perspectiva del desapego de las ideas fijas permanentes.


Aunque pienses que eso es muy difícil y lejano de tu manera de actuar, es algo que comienza con una simple decisión de querer vivir y observar tu vida de otra manera.


En algún momento de nuestras vidas, empezamos a ver que los problemas no siempre han supuesto dificultades, sino emociones descontroladas que nos sofocaron y no supimos “canalizar” bien. La capacidad de observar más y enfocarnos menos en los detalles de los acontecimientos aumenta con la práctica y con los años de vida.


Donde pones tu foco, pones tu vida, tu energía.

¿Dónde está tu energía?

A lo mejor después de haber contestado a esta pregunta, puedes entender por qué algunas veces te sientes agotado(a) y te falta cierta perspectiva de futuro.


Cambia tu foco, cambia tu manera de ver y vivir tu propia vida.



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