Cuando el rol asume quién eres

Hola, ¿quién eres? 

Soy...

Durante toda nuestra vida asumimos distintos roles, de madre o padre, de hijo o hija, de empleado o empleada, de amigo o amiga...un sin fin de “puestos” que solemos utilizar detrás del verbo “ser” cuando nos presentamos. 

 

Este nuevo articulo tiene el objetivo de invitarte a reflexionar sobre los roles que adoptamos durante nuestra existencia y cómo estos, sin darnos cuenta, pueden llegar a usurpar nuestra verdadera identidad.

 

El rol que asumimos (temporal o fijo) no es más que una etiqueta, una tarjeta de visita que utilizamos para presentarnos y vivir en la sociedad que estamos. 

El rol no tiene nada que ver con quien eres. 

La persona que eres va mucho más allá del rol que ocupas. 

¡El rol no te define!

 

Ser consciente de que el rol es como una máscara, una etiqueta, un traje, algo ajeno pero conectado con tu historia personal, te permite ser más flexible contigo mismo. Es como dar paso a distintas facetas posibles tuyas y cuando decidas no llevar ninguna de ellas, fluirás en cualquier ámbito y con cualquier persona. 

 

La resistencia de aceptar algunas situaciones puede estar totalmente relacionada al apego del  rol que tienes asumido. 

Cualquier cambio que nos proponga la vida estará orientado a la evolución de nuestra persona, a proponernos distintas perspectivas, a mejorar nuestra resiliencia frente a situaciones adversas y a deshacernos de roles que ya no nos sirven más. 

 

¿Como puedes identificar tus roles? 

Piensa en las distintas situaciones que vives y qué función tienes dentro de ellas. 

Ejemplos: 

  • en casa soy madre de y esposa de; 
  • en el trabajo soy gerente de;
  • en la familia soy hija de, prima de, tía de, hermana de...

Una vez pensado en estos roles, te propongo una nueva reflexión:

  • Si estos roles desaparecieran, cómo contestarías la pregunta ¿Quién eres? Si tu respuesta es: soy “fulana”, utilizando tu nombre, ¿cómo contestaría si tuvieras otro nombre o bien si no existieran los nombres?

¿Como te has sentido hasta aquí? ¿Perdido(a), vacío(a), pensativo(a)? 

 

Cuando una persona llega a esa reflexión de quién es y para qué vino al mundo, empieza un camino de introspección y contacto con su verdadero SER. El SER es eso, simplemente es, sin roles, sin etiqueta y máscaras. Es la unidad más flexible, neutra y poderosa que poseemos. 

Conectarte contigo mismo sin identificarte con un rol específico es liberarte del Ego, es elegir con seguridad y tranquilidad en cada momento lo qué quieres y cómo lo quieres. 

 

¿Cómo puedes identificar si el rol se apoderó de tu personalidad?

En ese punto te recomiendo que pienses en qué te molesta, en qué te hace sufrir. 

Ejemplos de algunas situaciones: 

  • me siento solo(a) y aunque ocupe mi mente con alguna actividad, sigo sintiéndome mal;
  • no me siento reconocido(a) en el trabajo, en la familia…;
  • no me gusta lo que hago en el trabajo, me siento desmotivado(a) y sin fuerzas o suerte para encontrar otra oportunidad;
  • para que me acepten tengo que cambiar mi forma de ser;
  • ya no me dedico a ese trabajo o a esa persona, y ahora ¿qué hago? 

Si algo te hace sufrir hay una gran probabilidad que eso esté relacionado con un rol que asumiste como tu personalidad y ya no te sirve más al 100%. 

La vida es muy dinámica como para que te aferres a un rol determinado. Aunque sea un rol fijo, como por ejemplo el de madre, padre, hijo, es muy importante ser consciente que ese rol sufrirá cambios, se va a adaptar con el tiempo y te exigirá la misma flexibilidad. 

 

¿Cómo entrar en contacto con tu verdadera identidad?

Teniendo en cuenta que este es un trabajo profundo de autoconocimiento, podrías empezar por algo muy sencillo y que no tenemos la costumbre de hacer: pregúntate a ti mismo como si fuera la primera vez que te vieras, con mucho interés en conocerte, sobre tus gustos, tus aficiones, tus talentos (¿qué se te da bien hacer?), ¿qué hace brillar tus ojos? ¿qué te hace vibrar en la vida?, ¿cuál es tu mejor momento del día (¿mañana, tarde o noche?), ¿cuándo tienes más energía?…

 

Un síntoma muy común cuando empezamos a hacer esas preguntas y a interesarnos de verdad por nosotros mismos es el no saber contestarnos o decirnos directamente, no lo sé, o bien no lo tengo. Es como quedar con la mente en blanco y en el fondo, asumiendo o no, nos damos cuenta de que nunca o bien muy poco hemos parado para pensar quién somos. 

Somos capaces de interesarnos por las demás personas, sin embargo no tenemos la inquietud de conocernos más. Podemos ser nuestro mejor amigo o nuestro peor enemigo. 

 

Si eso ocurre no te preocupes, todos pasamos por ahí de una manera u otra y no es exclusivo de la adolescencia sentirse perdido o incomprendido. 

Las crisis “existenciales” surgen en distintos momentos de la vida y muchas veces coinciden cuando nos apegamos a un rol o roles muy definidos y estructurados, y aún así percibimos que algo falla, no estamos de todo felices y satisfechos. 

 

Darse cuenta de que algo no va bien es el primer paso de cualquier proceso de sanación personal.

 

Si te ha sido útil esta lectura y sientes que es un buen momento para plantearte una evolución personal, ponte en contacto conmigo para saber cómo puedo ayudarte.

 

 

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